Vocento: “Un gentleman en el ruedo”

octubre 7, 2012

(English translation here.)

(Versión original, en formato PDF, aquí: Vocento Entrevista 1, Vocento Entrevista 2)

Hace un par de semanas los once periódicos del Grupo Vocento en España – El Correo, El Diario Vasco, El Diario Montañés, La Verdad, Ideal, Hoy, Sur, La Rioja, El Norte de Castilla, El Comercio,  La Voz de Cádiz, Las Provincias- imprimirá la siguiente entrevista conmigo. La única excepción fue ABC que esta impreso una pocas semanas antes.

Un gentleman en el ruedo

by Francisco Apaolaza

Debió cruzar por alguna puerta dimensional cuando de pronto apareció en el encierro de Cuéllar (Segovia), en franca carrera ante la cara de los de toros con un ejemplar del ‘Finantial Times’ color salmón enrollado en la mano. A cada zancada, Alexander Fiske-Harrison, ‘gentlemen’ inglés, escritor, actor y reportero de la prensa británica se iba tragando la distancia enorme que transita entre su mundo de la elite cultural y económica de Londres y este del encierro de Cuéllar hecho de polvo, pezuñas, pitones y suelas de zapatillas. Esta es la historia de cómo un hombre cruza la puerta de los universos paralelos y lo retransmite en primera persona para la prensa más rancia de la City. El ‘Financial Times’ le dará un respiro al caballo de batalla de la deuda española y apunta al encierro más antiguo de España. Tal vez, lo mejor de la historia sea la firma del artículo. Fiske-Harrison no es en la calle el modelo de guiri que no distingue un toro del carro del afilador, sino un aficionado práctico cuyo curiosísimo viaje comenzó hace muchos años en la búsqueda de culturas y sensaciones. Lo que encontró estaba muy lejos de su vida en una familia más que acomodada inglesa –una estirpe de banqueros– con estudios en Oxford, partidos de rugby, caballos, caza y la chaqueta roja del exclusivo colegio de Eton, donde estudió el príncipe Guillermo o David Cameron.

Nadie hubiera jurado que un estudiante de biología defensor del trato digno a los animales iba a pasarse al ‘lado oscuro’ del arte de la tauromaquia y a terminar estoqueando un novillo con sus propias manos. Como casi todo lo asombroso, a Alexander le llegó el toro por casualidad. Corría el año 2000 y asistía con su padre, banquero inglés a su primera corrida de toros en Sevilla. Toreaba El Fandi una de sus últimas novilladas. «Era atlético y tremendista». El granadino se fue a portagayola y Alexander recuerda cómo salió el toro como una explosión. «Fue un momento increíble en mi vida. El resto no conseguía matar los toros. En ese espectáculo había dos caras y un conflicto: una corrida muy buena era algo justificable éticamente. El resto, cuando no conseguían matar al toro, era un dolor, un horror. El toreo tiene alma, tiene coraje y el gran drama de la vida y la muerte. Para la audiencia existe un conflicto entre la ética y algo no ético».

Con todas sus contradicciones y esas dos caras entre el asesinato y la belleza, el bicho de la tauromaquia le picó en la arteria de las adicciones. De ahí en adelante, comenzó a ver toros como cualquier aficionado a base de avión y de coche. También conoció a los toreros y el curioso mundo de los toros por dentro, gracias en parte a la amistad de su familia con Adolfo Suárez y su hijo, Adolfo Suárez Illana. Del ruedo al aeropuerto, de feria en feria, este tipo objetivamente elegante –blazer cruzada con botón dorado en las tardes de clavel– fue colándose por los rincones España en torero, en ‘connaisseur’ y en gourmand de una tradición que no es fácil de saborear.

Después de estudiar Filosofía en la London School of Economics, se atrevió con un artículo sobre toros y maltrato animal en la prestigiosa revista ‘Prospect’ que levantó una enorme polémica. «En Inglaterra hay mucha hipocresía hacia los animales. Matamos tres o cuatro millones de vacas al año. Es normal. Sólo me pregunto por qué está mal matar un toro en la plaza y no una vaca en el matadero». En su opinión, la cuestión fundamental está en darle «importancia a la muerte de los animales. En mi país les da igual el bienestar del animal. Lo que no quieren es ver su muerte, que lo haga otro. Los animalistas no les importa el toro, solo les fastidia que la gente quiera verlo. Les interesa sobre todo el pecado de la audiencia». Con esos argumentos, Fiske-Harrison se ha convertido en una especie de caballero defensor de las causas perdidas del toreo, ya sea en su blog, en la prensa o en los platós del CNN, la BBC o de Al Jazeera.

Su libro ‘Into the arena’ (En el ruedo) prendió como un manguerazo de gasolina sobre el fuego de esa guerra que aún mantiene. Cuando se presentó en Oxford, se suspendió el acto por amenazas de muerte y el asunto llegó a la mismísima BBC. «Fue absurdo. Un acto que hubieran visto cien personas terminó en la televisión para cientos de miles». Para entonces, Fiske-Harrison último de una familia ‘vikinga’ asentada en Inglaterra desde el siglo IX, había decidido que para conocer el toreo, tenía que meterse en la piel de un matador. Como un Hemingway actual, como un viajero romántico, un Gerald Brenan o un Washington Irving del siglo XXI, se coló hasta lo más profundo de la fiesta.

En esas sacrosantas bambalinas de las plazas de tientas de lugares mitológicos como ‘Zahariche’, la finca de Miura, se hizo novillero. Sus valedores fueron gentes como Juan José Padilla, Eduardo Dávila Miura o Cayetano Rivera Ordóñez, del que actualmente prepara un documental grabado con cámaras de última generación. En Fuente Ymbro dio su primer pase. «Me vi con la muleta en la mano con una fuerte sensación de miedo y de concentración. Adolfo [Suárez Yllana] dice que le di quince muletazos. Y no puedo recordarlo, supongo que por la adrenalina que me corría por dentro».

En septiembre de 2009, ‘The Times’ enviaba a un periodista a seguirle. Giles Coren lo definía así: «Muy valiente. Muy británico. Muy Carga de la Brigada Ligera». Fiske-Harrison seguía entrenándose y vestido de corto mató un utrero (novillo de tres años) de Saltillo (Moreno de la Cova). «Cuando sale un toro bueno y puedes correrle la mano… No hay nada igual en el mundo. Tengo un gran atracción hacia el toro. Hay algo que me gusta, que es desafiar a la muerte. Un desplante a la muerte».

Al ‘gentlemen’ le quedaban algunas adrenalinas por probar. Durante una entrevista sobre su libro –en el que aseguraba no volver a Pamplona–, el periodista de Reuters y corredor del encierro Angus McSwann le espetó que se equivocaba con San Fermín. Tuvo que volver y probó «esa otra forma de tauromaquia» de la que va a grabar otro documental y que le llevó a meterse en las astas en Cuellar hace un par de semanas con su ‘Finantial Times’ color salón enrollado en la mano en lugar de una muleta. Tampoco se deja pasar un San Fermín. Si lo buscan en Pamplona, lo reconocerán por su chaqueta roja de rayas blancas, la insignia del colegio de Eton, lanzada a la carrera en plena Estafeta.

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2 comentarios to “Vocento: “Un gentleman en el ruedo””

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