El autor con una becera de Saltillo en la finca de Enrique Moreno de la Cova (Foto: Nicolas Haro)

(English translation below on English version of blog here)

Hace dieciocho meses, escribí un largo ensayo para una revista en mi país natal, Reino Unido, acerca de La Fiesta Nacional de España. Era una discusión sobre la ética de las corridas de toros. No argumentaba que la corrida de toros era una cosa buena o incluso una justificada. Lo que decía, era que los británicos no pueden sentarse, tan tradicionalmente a comer “roast beef” los domingos, ver los tradicionales documentales de la BBC en el que los búfalos son destrozados por leones para regocijo del público, y acto seguido, tachar de bárbaras las corridas de toros de sus primos españoles. Hacer esto sería caer en la mejor de las hipocresías y en la peor de las xenofobias.

Este artículo ha creado tal polémica a ambos lados del debate, que mi agente literario me conminó a escribir un libro acerca de las corridas de toros de inmediato. Desde entonces, estoy viviendo entre ustedes.

He visto y hecho muchas cosas extrañas y novedosas para un hijo de mi tierra desde que estoy aquí, entre ellas, mi instrucción con el matador retirado Eduardo Dávila Miura, con la intención de enfrentarme a un novillo de Saltillo próximamente. De esta forma, podré decir honestamente que he cubierto todo el campo del mundo de la tauromaquia. La única cosa que no esperaba hacer, era repasar los mismos argumentos ante un público español. Sin embargo, dada la crisis cultural que parece estar ocurriendo entre los flecos de la económica, pensé que debía echar una mano. Muy especialmente, a raíz del artículo de mi buen amigo Adolfo Suárez Illana en El Mundo hace unos semanas. (Reproducido en su blog aquí.)

Adolfo Suárez Illana toreando en Castellón con el autor en el callejón (Foto: Carlos Cazalis)

A pesar de la coherencia del argumento central de Suárez Illana, y la elegancia de su fraseo, creo que, como tantos otros, está en peligro de caer en la trampa de convertir lo que es un debate cultural en una guerra política, creando una división, a mi juicio innecesaria. Eso es, exactamente, lo que la minoría deshonesta de entre nuestros esencialmente bienintencionados hermanos anti-taurinos quieren. La trampa es la de la promoción de la corrida de toros como un espectáculo emblemático de la España tradicional, conservadora y católica. Suárez Illana, tan espectador como protagonista, lleva las corridas de toros en su corazón como una forma de arte singular y rabiosamente española. Una lidia de toros es el producto momentáneo de la interacción entre un toro y un hombre solo, con la muerte mirando. Sin embargo, la lidia de toros, en general, es el producto eterno de la interacción entre la cultura española y el suelo de esta tierra. En las palabras de otro aficionado verdadero de la lidia: “No es casualidad todo el arte español ligado con nuestra tierra, llena de cardos y piedras definitivas”. Ni que decir tiene que su autor, Federico García Lorca, no compartía su política con la extrema derecha de Francisco Franco, ni con el democratismo de centro-derecha de Suárez Illana y su padre. Lee el resto de esta entrada »